Hay algo en Monterrey que no suena igual en ningún otro lugar de México. El calor seco, las montañas que rodean la ciudad como una prisión geológica, la sensación constante de que el norte es un lugar donde las cosas se forjan a golpes. Isla en el Desierto captura todo eso en música.

Texturas que huelen a concreto caliente

El proyecto nació en pandemia, como tantos otros, pero a diferencia de muchos artistas que usaron el encierro para hacer música más doméstica y personal, Isla en el Desierto fue en la dirección opuesta: más expansiva, más ambient, más dispuesta a ocupar espacio.

El debut Dunas salió en 2021, casi sin ruido, casi sin promo. Y sin embargo llegó: a playlists de Spotify curadas en Europa, a features de blogs de música electrónica en Berlín, a oídos que no hubieran encontrado el proyecto de otra manera.

“No esperaba que le llegara a gente fuera de México”, admite el productor detrás del proyecto, que prefiere mantener el anonimato parcial. “Hago música para procesar lo que siento viviendo acá. Si eso resuena en otro lado, qué buena onda.”

El sonido del noreste

Hay referencias claras —Burial, Gas, algunos momentos de Arca— pero Isla en el Desierto no suena a copia. Suena a algo que creció en el mismo suelo árido que sus referencias y encontró su propia forma de florecer.

Los beats son lentos pero no relajados. Hay urgencia debajo de la superficie, como si el ritmo cardíaco de la ciudad nunca baja del todo aunque sean las 3 de la mañana.

Lo que sigue

El proyecto trabaja en material nuevo que, según las pistas que ha compartido en redes, se mueve hacia territorios más experimentales: colaboraciones con músicos de jazz regio, samples de campo grabados en el desierto de Chihuahua, algo que todavía no tiene nombre.

Casa 124 estará pendiente.


Escucha a Isla en el Desierto en Bandcamp y Spotify.

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