El shoegaze nunca fue música fácil. Es un género que pide paciencia: capas que se van revelando lentamente, letras que no gritan sino que flotan, guitarras que suenan como si vinieran de otro cuarto.
Mellon Collie lo entendió desde el principio.
El sonido de las paredes de León
Cuando hablas con los integrantes de Mellon Collie, lo primero que mencionan es la influencia de la arquitectura. No metafóricamente —literalmente. León tiene una acústica particular en sus foros, una reverberación que se mete en todo. La banda decidió usar eso en lugar de pelearse contra ello.
El resultado es un sonido que se siente local pero conecta con algo más universal: la necesidad de desaparecer un poco, de que la música te envuelva en lugar de exigirte atención.
Construyendo despacio, con cuidado
Mellon Collie no tiene prisa. En un ecosistema donde todos están tratando de viralizar lo antes posible, ellos están en modo opuesto: grabando con cuidado, tocando pocos shows pero bien elegidos, construyendo una base de seguidores que realmente escuchan.
Esa paciencia se nota en el sonido. No hay nada forzado en su música —cada textura está donde debe estar.
El siguiente capítulo
El EP nuevo está casi listo. No han dado fecha, pero en las últimas semanas han empezado a tocar material inédito en sus shows. Lo que se escucha es más oscuro, más estructurado, sin perder la sensación de niebla que los caracteriza.
León tiene pocas bandas de este nivel. Que sigan aquí es una suerte para los que las podemos ver de cerca.
Mellon Collie toca regularmente en León y ocasionalmente en ciudades cercanas.
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