Había una versión de mí que no entendía esta canción.

La ponía y pensaba: es bonita, sí, tiene algo. Pero no me detenía. Seguía al siguiente track, al siguiente álbum, a la siguiente cosa. Así funciona la música cuando eres joven y tienes prisa y crees que escuchar mucho es lo mismo que escuchar bien.

Después, años después, la volví a poner en un momento que no voy a describir porque no hace falta. Y esta vez sí llegó. Me llegó de una manera que no esperaba. No el ritmo, no la voz de Byrne —aunque ambas cosas son perfectas— sino la idea de la canción. La promesa que hace.

Home is where I want to be.

Una canción sobre llegar, no sobre salir

La mayoría de las canciones grandes sobre el hogar son sobre irse. Leaving on a Jet Plane. Thunder Road. Going to California. La partida como acto de libertad, de transformación. La figura del que se va hacia algo mejor.

Talking Heads hizo lo opuesto y lo hicieron sin que suene conservador ni resignado. This Must Be the Place es una canción sobre querer quedarse. Sobre encontrar el lugar. Sobre reconocer que lo que tienes frente a ti —no en el futuro, no en otro país, no en otra versión de tu vida— es suficiente. Es más que suficiente.

Eso es difícil de escribir sin que suene a derrota. Byrne lo hace sonar como una victoria enorme.

El ritmo que te mueve antes de que lo pienses

Antes de que llegues al sentido de la letra, el ritmo ya te tiene. Ese bajo de Tina Weymouth —uno de los grandes bajos de la historia del pop— establece algo inmediatamente: esto es un lugar seguro. La batería de Chris Frantz no golpea, arropa.

Es una canción de baile que en realidad es una canción para quedarte quieto y cerrar los ojos.

Y cuando Byrne dice I got plenty of time / you got light in your eyes con esa entonación tan suya, tan desentendida y al mismo tiempo tan intensa, entiendes que este hombre encontró algo que buscaba sin saber que buscaba.

El problema del tiempo

Una cosa que me gusta mucho de esta canción es lo que no dice. No dice que encontrar el lugar resuelve todo. No dice que a partir de ahí todo es fácil. Solo dice: esto debe ser el lugar.

El must del título es importante. No es this is the place. Es this must be. Hay una incertidumbre ahí, una pregunta que se responde a sí misma en el momento de hacerse.

Como si la canción dijera: no sé si esto es permanente, no sé qué viene después, pero ahora mismo, en este segundo, esto es exactamente donde tengo que estar.


La escuché tres veces seguidas la noche que por fin me llegó.

Después me fui a dormir.

A veces la música no necesita hacer más que eso.

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